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martes, 17 de abril de 2012

EVITA LA TENTACIÓN DE LLEVARTE LA EMPRESA A CASA

Evita la tentación de llevarte la empresa a casa



(EXPANSIÓN 14-04-2012)

Publicado el 13-04-2012 a las 17:52 por Montse Mateos

Si quieres a tu negocio como a un hijo no es necesario que forme parte de tu vida. La flexibilidad en las pymes es aún un reto que muy pocos han superado.
Los emprendedores inquietos, inseguros y con miedos puede que triunfen como empresarios, si cuentan con buenos aliados, pero nunca serán capaces de llevar a cabo un plan de conciliación. Estos personajes suelen creer que la empresa es su vida, y su desconfianza les impide delegar y creer en la gente que forma parte de su equipo. La conciliación no existe para estos empresarios que, al contrario de lo que afirman los últimos estudios, piensan que más horas al frente del cañón son sinónimo de productividad.
Margarita Núñez es la directora de desarrollo de Itineribus, una pyme dedicada a la consultoría en la que trabajan quince personas. Su experiencia le dice que para que un plan de conciliación funcione en una pequeña empresa se tienen que dar dos variables: “La confianza entre el empresario y los trabajadores, y un sistema muy claro de gestión y remuneración por objetivos y resultados”. Algo tan simple es casi misión imposible en muchas grandes organizaciones; pero en las que tienen una plantilla reducida puede resultar más sencillo si, además, se cuenta con un líder que predique con el ejemplo y con un buen plan de comunicación. “El impacto es muy positivo porque se genera un crédito emocional y una solidaridad entre el equipo muy eficiente. Eso sí, tienen que controlarse los abusos que pudieran deteriorar el ambiente general de la empresa”, advierte Núñez.
Beatriz de Andrés, directora general de la agencia de comunicación Art Marketing –ocho empleados–, también señala que “en las organizaciones pequeñas es importante que las medidas, aunque modestas, sean realistas, cercanas al terreno y a las necesidades de los profesionales. No tenemos dinero para acometer grandes planes de conciliación, guarderías o gimnasios en nuestra empresa, pero tenemos flexibilidad y buen rollo para hablar y negociar las cosas con calma”.
El mejor plan:
No obstante, esto que parece tan sencillo se complica mucho cuando el deseo de conciliación topa con una escasez de personal manifiesta, en el caso de que varios profesionales coincidan en sus preferencias de flexibilidad. Pilar Tortosa, socia de Arctos consulting, señala que el tamaño de la empresa es determinante para el diseño de un plan: “En una pyme existen ciertos mínimos a cubrir que van más allá de la conciliación. Por ejemplo, si el único dependiente de un comercio cae enfermo”. Y ése no es el único condicionante que apunta. “La actividad, los horarios y la disponibilidad de cada profesional son otros factores influyen en el diseño de un programa de flexibilidad. Por eso debe consensuarse y ser el resultado del acuerdo entre el empresario y los empleados, de manera que todos estén satisfechos. Es algo muy valioso que no debe banalizarse, ni mucho menos desvirtuarse”, añade Tortosa.
Una vez más el papel del líder, en muchos casos dueño y señor del negocio, es clave. Debe escuchar, analizar y proponer a sus empleados soluciones creativas. “No preguntes si no vas a dar una respuesta”. Ésta es la recomendación de María Sánchez Arjona, vicepresidenta de la Fundación Mujer Familia y Trabajo. “Si se pregunta la opinión a los empleados sobre sus necesidades, grado de compromiso y motivación o comunicación y la dirección no está preparada para actuar, está provocando falsas expectativas y la toma de conciencia del personal de que no son importantes para la organización”.
La escasez de recursos económicos tampoco es una excusa lo suficientemente contundente para eludir la conciliación. Como asegura Roberto Martínez, director de la Fundación Másfamilia, “la conciliación puede ser low cost y si lo unimos a dos conceptos básicos de esta tipología de empresas como cercanía y flexibilidad, el éxito es rotundo”. Algunas de las medidas estrella que señala son: flexibilidad de una hora de entrada y salida; reducir el período de almuerzo para adelantar la salida o retrasar la incorporación; semana comprimida de cuatro o cinco días, sin disminuir la jornada laboral anual; posibilidad de asistir a tutorías y otros eventos en el centro educativo a cambio de una bolsa de horas que se acumulan; o la gestión eficaz de reuniones.
Sánchez Arjona concluye que, “con cierta flexibilidad se solucionarían muchos problemas de conciliación y se evitarían casi todas las reducciones de jornada que ahora son necesarias”.
Claves para que el jefe predique con el ejemplo:
1. Implicar a todo el equipo.
Las necesidades de cada persona varían, por lo que deben mantenerse conversaciones con cada uno de los empleados. En una empresa pequeña suele ser más fácil porque todos se conocen. En una más grande se puede delegar esta función en el jefe o a través de conversaciones online.
2. Que sea consciente del papel que juega el trabajo en la vida de las personas y como agente de cambio social. Un profesional feliz en su trabajo hará más feliz a la empresa y contribuirá a una mejor sociedad contagiando a los que le rodean. Si una persona está enganchada a su trabajo la línea entre las distintas facetas de su vida es más fina.
3. El jefe debe ser un ejemplo de trabajar con eficiencia, es decir, minimizar la pérdida de tiempo y gestionarlo de una forma eficiente para generar una cultura de trabajo eficaz: reuniones breves para la toma de decisiones y una correcta gestión del correo electrónico son algunas de las cuestiones para predicar con el ejemplo.
4. Eliminar los mitos que existen en todas las empresas, como que el jefe es el primero en llegar y el último en irse –debe ser el primero en estar focalizado en los objetivos acordados, y no tanto en el tiempo dedicado–. A veces no compensa dedicar diez horas más, porque a menudo el resultado no va a ser diez veces mejor.
5. Al final del día hacer la cuenta de resultados con uno mismo. Celebra las tres cosas que mejor han salido, e identifica aquella ‘pifia’ que puede mejorarse. Esto ayuda a evitar el síndrome de la insatisfacción constante: parece que siempre quedan cosas por hacer.


Fuente: Montserrat Ventosa, socia de Sticky Culture

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