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miércoles, 19 de enero de 2011

Intenta pensar mejor, por un mundo MEJOR





"De todas las fuerzas que encadenan al mundo,
el hombre se libera cuando consigue dominio sobre sí".
Goethe




Carl Louis Grasshoff, fue un danés más conocido con el seudónimo de Max Heindel, nació en Copenhague, Dinamarca en 1865. Es el fundador en el año 1909 de la Fraternidad Rosacruz, falleció en los Estados Unidos en 1919. Sobre lo recibido por su "maestro" nos dice:

"Estas enseñanzas abogan una visión dualística; sostienen que el hombre es un espíritu encerrando todos los poderes de Dios, como la simiente encierra la planta y que estos poderes se desenvuelven lentamente en una serie de existencias dentro de un cuerpo terrenal que mejora gradualmente; asimismo que este proceso de desarrollo se ha llevado a cabo bajo la guía de seres exaltados que ordenan todavía nuestros pasos, aunque va disminuyendo, a medida que gradualmente adquirimos intelecto y voluntad. Estos Seres exaltados, si bien invisibles a nuestros ojos físicos, constituyen no obstante, potentes factores en todos los asuntos de la vida, dando a los diferentes grupos de humanidad lecciones que propulsan, en el máximo grado de eficacia, el desarrollo de sus poderes espirituales. De hecho, la Tierra puede compararse a una vasta escuela de entrenamiento en la que existen discípulos de edad variada y de diferente habilidad o disposición, como ocurre en cualquiera de nuestras escuelas".

"El mundo occidental forma, indudablemente, la vanguardia de la raza humana, y, por razones que se indicarán más adelante, los rosacruces sostienen, que ni el Judaísmo ni el "Cristianismo popular", sino el verdadero Cristianismo Esotérico, será la Religión del mundo.
Buda, grande y sublime, podrá haber sido la " Luz del Asia" pero puede afirmarse que Cristo será la "Luz del Mundo". Así como la luz del Sol desvanece la de las más brillantes estrellas y borra todo vestigio de oscuridad iluminando y vivificando a todos los seres, así también , en un futuro no muy lejano, la verdadera religión de Cristo sobrepasará y anulará todas las otras religiones para eterno beneficio de la humanidad".

domingo, 14 de noviembre de 2010

News literatura - Umberto Eco - El cementerio de Praga




La obra del autor de 'El nombre de la rosa' es tildada de "sinfonía maligna"

El Vaticano y la comunidad judía italiana cargan contra 'Il cimitero di Praga', nueva novela del escritor - Según sus detractores, el libro coquetea con el antisemitismo

Treinta años no es nada. Al menos, en asuntos de polémica religiosa. Ese es el tiempo que separa El nombre de la rosa, primer asalto del escritor, semiólogo y pensador boloñés Umberto Eco a la ficción espiritual, de Il cimitero di Praga (El cementerio de Praga), su nueva y estupenda novela. Todo un fenómeno de ventas (cien mil ejemplares en solo una semana), así como un catalizador de las ya de por sí agitadas aguas culturales de la Italia de Berlusconi.

Eco vuelve a enfrentarse no solo a las acusaciones de la Iglesia, sino también a la soliviantada comunidad judía. La razón reside en un libro en el que, página a página (son 528), il Professore conduce al lector por un viaje trepidante al siglo XIX, una excursión considerada por algunos inexacta desde el punto historiográfico y que se mueve al vaivén de la madre de todas las conspiraciones: la que pinta a los judíos como los urdidores ocultos y todopoderosos del destino mundial.

La galería de habitantes reales de Il cimitero de Praga no tiene desperdicio: un Sigmund Freud drogadicto, Dreyfus, oficial francés condenado por ser judío, el gran Ippolito Nievo, patriota y escritor italiano, o Garibaldi. Entre nombres históricos y acontecimientos reales (dibujados con la manía detallista habitual en la prosa de Eco) se desenvuelve el protagonista -"el único personaje inventado de la novela", según el autor-. Es Simone Simonini, capitán turinés, memorable anti-héroe y la presencia más desagradable del relato.

Antisemita convencido en pleno ottocento, el protagonista falsifica testamentos y comercia con hostias consagradas para misas satánicas. ¿Su gran obra? Fabricar las actas de una reunión nocturna inexistente entre las lápidas del cementerio judío de Praga. En ella, los ancianos rabinos de las 12 tribus de Israel tejen planes para dominar el mundo. Ese documento falso sirve en la novela para la redacción de los muy reales Protocolos de los sabios de Sión, panfleto antisemita que, a principios del siglo XX, sirvió de justificación teórica para los pogromos de la rusia zarista y, más tarde, para la persecución nazi.

Sus detractores afean a Eco la puesta en escena de un montaje histórico "falso". La construcción de una "sinfonía maligna" que no se molesta en interrumpir. La comunidad judía y la Iglesia se preguntan: ¿puede un autor que no interviene en la historia evitar la peligrosa ambigüedad? El periódico de la Santa Sede opina que no: "Denunciar el antisemitismo poniéndose en la piel de los antisemitas", escribe la historiadora Lucetta Scaraffia en L'Osservatore Romano, "no funciona como una verdadera acusación. El lector acaba por resultar contaminado por el delirio antisemita [cons-truido por Eco]. Cuando se evoca el mal, es necesario enfrentarlo al bien, para que sirva de contraste. La reconstrucción del mal sin condena, sin héroes positivos, adquiere una apariencia de voyeurismo amoral". "La narración de Eco quiere desmontar lo falso a base de reconstruir esas falsedades" -escribe otra historiadora, Anna Foa, en la revista mensual publicada por las comunidades judías italianas-. "Si los heréticos podíamos disfrutar con las brujas de El nombre de la rosa, ¿podremos hacerlo con la misma inocencia con la clase de construcciones que alimentaron las locuras de Hitler?". El escritor replica pragmático: "Quien escribe un manual de química puede también ser acusado si alguien lo utiliza para envenenar a su abuela".

A estas declaraciones, Riccardo Di Segni, rabino jefe de Roma, contestó: "Pienso que el mensaje suena ambiguo. No se trata de un libro científico que analiza y explica, sino de una novela". "Mi intención era dar un puñetazo en el estómago de mis lectores", replicó el semiólogo. "Una violencia que convenció a otros".

Un odio que también mueve a Simonini, educado desde pequeño en el desprecio a los judíos y a las mujeres, entrenado en el servilismo hacia el poder y cegado por su rencor personal: "Me doy cuenta de haber existido solo para vencer aquella raza maldita. Únicamente el odio calienta el corazón", dice.

Entre tanta proclama acusatoria, Gad Lerner ha intervenido en el debate desde las páginas de La Repubblica. Según él, la novela está destinada a ser un clásico porque al fin y al cabo cuenta algo muy universal y actual. Se lo explica el protagonista Simonini a un agente secreto del zar: "La divina Providencia nos ha regalado a los judíos, utilicémolos y recemos para que siempre haya alguno al que temer y odiar". Lerner ve en este diálogo un afán tremendamente actual: identificar los enemigos para así definirse como comunidad a partir del odio al otro.






sábado, 25 de septiembre de 2010

CREDO o CRISTO


CREDO O CRISTO

Ningún hombre ama a Dios si aborrece a sus semejantes,
Quien pisotea el corazón o el alma de su hermano;
Quien busca encadenar, nublar o ensombrecer la mente
Con miedos del infierno, no ha percibido nuestra meta.

Dios nos envió todas las religiones benditas;
Y Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida,
Para dar descanso al de pesada carga
Y paz para el dolor, el pecado y la lucha.

Contemplad al Espíritu Universal que ha llegado
A todas las iglesias, no a una solamente;
En la mañana de Pentecostés una lengua de fuego
Rodeando a cada apóstol como un halo brilló.

Desde entonces como buitres famélicos y voraces,
Hemos combatido a menudo por un nombre sin sentido,
Y buscado dogmas, edictos o credos,
Para enviarnos los unos a los otros a la hoguera.

¿Está Cristo dividido entonces? ¿Fue Pedro o Pablo,
Para salvar al mundo, clavado al madero?
Si no, ¿por qué, entonces, tales divisiones?
El amor de Cristo abarca tanto a vosotros como a mí.

Su puro dulcísimo amor no está confinado
Por credos que segregan y levantan una muralla.
Su amor envuelve y abraza a toda la humanidad,
No importa lo que nosotros nos llamemos de ÉL.

Entonces, ¿por qué no aceptar Su palabra?
¿Por qué sostenemos credos que nos separan?
Sólo una cosa importa ser oída;
Que el amor fraterno llene todos los corazones.

Sólo hay una cosa que el mundo necesita saber,
Sólo hay un bálsamo para todos los dolores humanos,
Sólo hay un camino que conduce hacia los cielos,
Este camino es: humana compasión y amor.

MAX HEINDEL